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El placer de los sentidos


Por siglos incontables la única forma de jugar con nuestros sentidos de forma artística fue mediante la comida, que deleita tanto el olfato como el gusto.

Posteriormente creció la sofisticación en la creación musical y otorgamos la distinción de Maestros a quienes componían sinfonías. ¿Por que esta honra? Mi premisa es que lograban una saturación sensorial mediante el sentido del oído y saturación de los sentidos queremos siempre, pues es una experiencia de hedonismo extremo.

En nuestros tiempos lo hacemos visualmente, las películas 3D son una expresión sublime de esta artesanía. Nos hemos especializado brutalmente en la transmisión visual, tanto así que nuestros receptores auditivos están adormecidos hasta el punto en que nos cuesta apreciar las sutilezas de un concierto clásico, recreación por excelencia hace una pocas decenas de décadas.

Eventualmente irrumpirán tecnologías táctiles, destronando nuestros ojos como foco de atención sensorial.

Lo que se mantendrá constante es la recompensa a creación de experiencias que lleven nuestra capacidad interpretativa al límite, pues somos adictos a esta sensación de flow. Lo hemos hecho durante toda nuestra historia como homo sapiens y lo seguiremos haciendo cuando nos cambien el nombre y apellido como especie.

Ojalá me encuentre presente cuando salga un aparato que te haga cosquillas mientras ves una comedia, escuchando las carcajadas en sonido envolvente, mientras te comes un snack bien aromático. No sé quien va querer salir a la calle eso sí.

Saludos a mis devotos,

Paulo.

Archivado en: Blog, Comportamientos, Estacionamientos, Limbicos & Cía

About the Author

Escrito por

Nacido en las costas atlánticas, donde la leche de coco reemplaza a la materna a muy temprana edad. Ingeniero Comercial por formación, Emprendedor por vocación. Prospero en ambientes donde la libertad creativa impera. Esta es la primera plataforma mediática que se atreve a exponer al mundo a mis comentarios... ciertamente no se puede decir que sea adversa al riesgo.

2 Comments

  1. Samuel Malamud

    Don Paulo,

    En efecto, como ud. bien comenta; los sentidos son indispensables para adaptarnos al entorno. Aún cuando no lo fueran, cuando simplemente nos permitieran el simple goze mundano, sin entregarnos ninguna utilidad adicional, seguirían siendo tan intrigantes y dignos de estudio.
    Pienso que es este el elemento fundamental que nos lleva a diferenciarnos de las demás especies, la posibilidad de atribuirle a los sentidos una relevacia más allá de la posibilidad de superviencia que nos aseguran (porque en si mismos son bastante limitados; basta comparar nuestra visión con la de las aves de rapiña, o nuestro olfato con la de los cánidos).
    Como nos ha hecho constar la historia universal; el hombre desde sus inicios sintió regocijó al esuchar el ir y venir de las olas o el rumor de las hojas al ser movidas por el viento. En una etapa posterior decidió exteriorizar su percepción sobre la vida a través de la música, pintura, teatro, etc. y bueno la historia es ya conocida por todos.
    Entonces, la pregunta que me sugiere su artículo es la siguiente: ¿podrá el hombre con su inagotable capacidad creativa y facultad para inventar mundos nuevos´; alejar a la gente de la calle, plazas, playas,montañas, etc.; de esta fuente primogénea de inspiración, para encerrarla en cines y salas multisensoriales como usted (y también Adolf Huxley) imagina?

    Saludos,
    Samuel Malamud

    • Don Samuel:

      Lamentablemente creo que así será, es más me atrevo a decir que utilizaremos estos artefactos para volver a nuestras “fuentes primogéneas de inspiración”, puesto la degradación de nuestro entorno no da evidencias de tregua y no quedará otra alternativa de interacción que la virtual con dichos elementos.

      En todo caso no hay que esperar tanto para buscar síntomas de completa alienación, no hace más de un par de meses leí que una pareja de asiáticos enfrentaba condena por dejar que su bebe muriese de hambre, puesto se encontraban demasiado concentrados jugando un “juego en línea”, se necesitaron días de enajenación con el mundo para dicha proeza.

      Reproducimos el oleaje del mar en piscinas y la nieve en desiertos. No me cabe mucha duda que cuando sea más barato inducir al cerebro a experimentar las bondades del Sudeste Asiático desde el sillón de su casa en Santiago, habrán empresas que venderán dicha sensación y personas que pagarán por experimentarla.

      Saludos,

      Paulo Malinconi.

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